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“En Granada no se ha hecho urbanismo, sino especulación urbanística”

Entrevista a Marta Gutiérrez, decana del Colegio de Arquitectos de Granada

Martes, 29/05/12 9:09

Francisco Barajas

Foto: Álex Cámara

Marta Gutiérrez Blasco, arquitecta, es la nueva decana del Colegio de Arquitectos de Granada, una dama técnica que habla más claro que una regla de calcular. Esta arquitecta tiene muy claros los conceptos urbanísticos para aplicar a Granada, y no cae en esos “tópicos” que adornan a esta ciudad de almendras dulces como ácido y paisanaje tan oscuro como ala de grajo. Y en paisanaje incluimos también a los políticos de quita y pon. Algunas respuestas son largas, pero merecen la pena porque esta arquitecta nos revela sus pensamientos con respectos a muchos males patrios y particulares de la ciudad de Granada. Clara y diáfana. Acertada y sensata. Y muy explicativa y veraz. Así, es esta entrevista a la mandamás de los arquitectos, ellas y ellos, que laboran en la granatensis ciudad de los olvidos inconmensurables. Pasen y lean, no se defraudarán ni ofenderán. Y solo queda agradecer a Marta Gutiérrez Blasco, sus respuestas cargadas de sensato discurrir neuronal. Gracias arquitecta.

Pregunta.- Usted es arquitecta que ejerce en Granada… ¿Y en dónde ubicaría usted el famoso Ferial de esta ciudad que tanto le gusta divertirse en el Corpus?

Respuesta.- Para eso más preguntas que respuestas. Parece que uno de los motivos de buscarle ubicación es que la actual son terrenos destinados a construcción de viviendas de protección oficial. En el barrio existe un gran parque antiguo de vivienda pública con graves carencias de mantenimiento y gestión, y por otra parte con edificios de reciente construcción, también de promoción pública, vacíos y con precios de alquiler aún inasequibles. ¿Es necesaria la construcción de más vivienda? Se plantean ubicaciones alternativas en los llanos y amplios terrenos de vega próximos a la ciudad. ¿Se resolverán así los problemas accesibilidad? ¿O, en caso de aumentar la asistencia, se generará una creciente necesidad de aparcamientos que requerirán un aumento exponencial de la ocupación de suelo? ¿Tiene sentido ocupar suelos de vega, la más fértil de Europa, para una semana de feria? Cada año se realiza una gran inversión para acondicionar el ferial. ¿Se podría pensar en que esa inversión se pudiera amortizar a lo largo del año mediante usos perfectamente compatibles como un mercado para los productos agrarios locales? Por otra parte, el éxito del invento ‘ciudad’ se debe a la densidad y heterogeneidad de usos que conviven. Si los problemas son de accesibilidad y extensión ¿se podría pensar en ‘desubicar la feria’diseminándola por la ciudad? Tenemos referencias del éxito de esa estrategia en la propia ciudad, con las Cruces, en otras fiestas y lugares, como el Carnaval de Cádiz, e incluso en la otra parte del Corpus en Granada: la procesión en sí. Y si el problema para el entorno de un ferial es de exceso de ruido… ¿es inherente a una feria tal volumen de ruido, o tal vez es un problema también para la propia feria? A mí me gustaría pensar en una feria que recuperara la música en vivo, o sea, viva, y que se la encontrara uno al paso por las plazas de la ciudad. Hasta ese extremo, hay varios puntos intermedios, como el de pensar en pequeñas zonas de casetas en los distintos barrios.

P.- ¿Y cómo ha sido este milagro, quizá hechizo, de salir victoriosa una candidatura joven frente a las vacas sagradas o los doctos ancianos que normalmente son los que salen elegidos en las juntas de gobierno de los colegios profesionales españoles?

R.- Más que milagro es la normal llegada de un relevo. Si se nos considera tan jóvenes es por la dinámica de nuestros tiempos, en que se prolongan las adolescencias y las juventudes más allá de los treinta, cuando hace apenas tres décadas, a esa edad se había ingresado sobradamente en la vida adulta y a nadie sorprendía que se asumieran responsabilidades públicas. Sin ir más lejos, el anterior decano asumió por primera vez el cargo con sólo un año más de lo que yo lo hice el año pasado. Lo que habría que preguntarse es por qué una generación de arquitectos ha tardado en tomar el relevo y otra ha tardado en darlo, o por qué la generación intermedia no lo ha tomado de manera consolidada, porque eso es lo anómalo.

“Lo que habría que preguntarse es por qué una generación de arquitectos ha tardado en tomar el relevo y otra ha tardado en darlo”

P.– Obligado es preguntarle a usted cómo va el mundo de la arquitectura… ¿Do camina la arquitectura en general y en Granada en particular?

R.- La arquitectura ha vivido en España unas tres décadas de orgías aparentes sucesivas y que se han venido a evidenciar por fin como un proceso de absoluta degradación de la profesión, de su práctica y de sus productos. La arquitectura – los arquitectos y la sociedad en su conjunto que es quien la necesita y quien la conforma – tendrá que hacer un proceso de redefinición existencial, de volver a encontrar su sentido en las necesidades humanas y sociales, y no con la inmediatez crematística de los términos financieros a que nos hemos malacostumbrado.

P.- Con su permiso, gracias, le voy a preguntar lo siguiente: ¿Y lo de tantos años con el “Ladrillazo” no ha sido un error craso, y a pesar de que la Unión Europea ya llevaba muchos años avisando que tal “Ladrillazo” era una aberración insostenible por mucho tiempo?

R.- Por supuesto. Y me alegra que me lo preguntes en esos términos, porque en general se nos pregunta a los arquitectos por ‘el problema de la crisis’, cuando el problema – también para nosotros- se originó entonces, cuando parecía que todo iba bien. En cuanto a que la Unión Europea avisó… sería más correcto decir que ‘algunas instancias europeas’ avisaron. También desde aquí hubo muchas voces – agoreras, impertinentes – avisando. Las instituciones europeas, como las españolas, como las andaluzas, como las municipales, son heterogéneas y están atravesadas como toda la sociedad, de los mismos males y de los mismos intereses diversos. También fueron instituciones europeas las que fomentaron la especialización ‘productiva’ de España en la construcción o más bien la destrucción de las costas y los espacios naturales para su destino turístico o inversor. El dinero que se prestó – y que ahora se pretende que devolvamos vía presupuesto público – procedía también y sobre todo de Europa. Había muchos intereses puestos –también europeos – en que la aberración insostenible se sostuviera lo más posible.

P.- Lo nunca visto, o casi nunca… ¿Arquitectos en el desempleo o teniendo que emigrar, y porque el tajo del ladrillo no da para más…?

R.- Bueno, yo empecé la carrera con la crisis que vino tras aquella aparente bonanza que tuvimos en los años anteriores al 92. Era un momento muy parecido a este, pero a escala menor, porque aún no había orbitado toda la actividad alrededor de la constructora y urbanizadora, y los mecanismos financieros especulativos no habían alcanzado el sofisticado desarrollo actual. En esos años las noticias hablaban también del paro entre los arquitectos. Ahí, en plena resaca, podíamos haber aprendido la lección, y sin embargo, nos dimos a la bebida con más ahínco todavía. Y aquí estamos, con una resaca cuádruple de implicaciones mucho más complejas. Respecto a la profesión, estos últimos años han supuesto además un proceso de precarización laboral de los arquitectos de la que nosotros mismos somos en parte responsables. Por un lado, hemos competido ferozmente desde la liberalización de los honorarios, que garantizaban un mínimo digno. Por otro, lo hemos hecho a costa del empeoramiento de nuestras condiciones de trabajo, como autónomos, como contratados o como falsos autónomos. La situación actual es terrorífica para los arquitectos, pero no sólo por la falta de trabajo, sino también por la situación precaria en que trabajaba una gran parte de nosotros, y por tanto las nulas coberturas con las que contábamos. Las administraciones públicas han contribuido enormemente a este proceso, licitando contratos con bajas antes considerando temerarias, y dejando altísimos niveles de endeudamiento con este sector al igual que con otros (en el Colegio tenemos constancia de hasta un millón y medio de deuda a finales de 2011). Si además añadimos que arquitectos y arquitectos técnicos son los únicos que garantizan mediante su aseguramiento los daños de todo el sector, tenemos una situación de quiebra absoluta. Pero la crisis más grave de la profesión no es laboral, sino existencial. La destrucción constructora, valga el aparente oxímoron, se ha hecho con la connivencia de toda la sociedad, incluidos los profesionales. Y es cierto que ha habido voces desde la sensatez en todos estos años, pero no se ha logrado hacerlas valer, ni siquiera desde los mecanismos colectivos que para ello teníamos, como los colegios profesionales sin ir más lejos, en gran parte porque la misma dinámica socioeconómica ha limitado su capacidad reguladora. Nuevamente, la crisis no ha venido sino a evidenciar la enfermedad que ya teníamos. La semilla de la regeneración existe, y para afrontar el actual problema de las ciudades – o más bien no ciudades – que tenemos, hacen falta muchos arquitectos, además de otros profesionales. Pero para eso hace falta también una regeneración social, que se vuelva a valorar aquello que los arquitectos pueden aportar, más allá de una firma que avale el mayor aprovechamiento de un suelo. Los arquitectos – todos los profesionales en realidad – tenemos que cambiar nuestros modos de trabajo: sustituir la competencia por la cooperación y la colaboración. La salida de la emigración no puede plantearse como solución general, sería una irresponsabilidad por parte de las instituciones perder todo el potencial de los profesionales formados. Por otra parte, esta emigración se está planteando junto con la exportación de un modelo, el mismo que nos ha sumido en la crisis. Sé que es difícil en situaciones particulares complicadísimas, en que cuesta pensar más allá del ‘sálvese quien pueda’, pero invitaría a los profesionales de la arquitectura a creer en la posibilidad y necesidad de contribuir a esa regeneración social, espacial y ambiental de nuestros espacios urbanos, en el potencial que puede tener la recuperación de la fuerza de un colectivo basada en la colaboración intra e interprofesional. Tal vez ahora mismo no haya empleo, pero hay mucho trabajo por hacer.

“La situación actual es terrorífica para los arquitectos, pero no sólo por la falta de trabajo, sino también por la situación precaria”

P.- Cuando existe una crisis económica vamos mal en España, y cuando no existe la crisis económica también vamos mal… ¿Y las obras de acondicionamiento de la Escuela Superior de Arquitectura de Granada, en el antiguo Hospital Militar, serán, obvio es, para terminarlas en algún siglo de estos que plácidamente discurren sin prisas?

R.– El año pasado asistí a la Lección Inaugural del curso de la Escuela de Arquitectura, y el Rector aireó su compromiso de hacer lo posible para que se acabaran las obras… Casi un año después la Universidad vive brutales recortes en profesorado que va a afectar a la de por sí maltrecha calidad de la enseñanza universitaria. Yo paso cada día junto a las obras porque vivo al lado, y me pregunto si alcanzará el resto que se está echando para acabarlas. Pero también me pregunto si no se podría haber hecho una escuela con mucha menos inversión y con la misma o mayor dignidad. Recordemos que el presupuesto final se disparó al doble de lo planteado por la propuesta ganadora en el concurso… y en su día nadie se planteó si había que reconsiderar la idoneidad de semejante propuesta… eran tiempos de abundancia, ¿no? Habrá que preguntarse si la abundancia de entonces no es la escasez de ahora, y viceversa.

P.- Y dado como están las cosas económicas patrias y el temido desempleo patrio… ¿Se endurecerán, creemos que ya están muy duros, los estudios de Arquitectura Superior para limitar el número de alumnos que terminan esta disciplina técnica superior?

R.- Lo que habría que limitar es el acceso. Pero las escuelas – más de 30 en el territorio nacional – se han ido creando no tanto para responder a la necesidad de formar arquitectos, sino a la de generar empleo ‘de élite’ para algunos arquitectos y por otra parte dar respuesta a la masiva demanda de títulos en profesiones ‘de prestigio’. Y ojo, yo no pienso que no deba acceder todo el que quiera. Pero sí pienso que tendríamos como sociedad que plantearnos hacer, como con tantas otras cosas, una adecuada gestión de la demanda.

P.- No me quito el gustazo de preguntarle lo siguiente… ¿Y cómo ve usted el urbanismo de Granada, quizá como un galimatías urbanístico de reconocido calibre y un caos pasado que ya no tiene remedio?

R.– En Granada – como en tantas ciudades y pueblos – no se ha hecho urbanismo, sino especulación urbanística, que no es lo mismo. Los planes han sido instrumentos de disección y venta del producto ‘suelo urbanizable’, y no de adecuada ordenación en el territorio de los usos necesarios para satisfacer las necesidades de la sociedad. Remedio siempre puede haber, pero para ello han de cambiar las intenciones, los intereses, los valores de toda la sociedad.

P.- Unir a la ciudad con la Alhambra siempre ha sido como la tarea de intentar conquistar el planeta Marte en bicicleta, y por parte de ínclitas e ínclitos granadinos y foráneos… ¿Cómo uniría usted a la ciudad de Granada con el Monumento Nazarita, y sin que la crucifiquen por su proyecto arquitectónico?

R.– En todo caso que me crucifiquen por el proyecto arquitectónico que NO tengo. No me parece que haga falta proyecto ni arquitectónico ni ingenieril alguno. Me parece que la cuestión es más bien filosófica, de una filosofía cotidiana. Mientras pensemos en la Alhambra como un Objeto, trataremos de llegar a ella como quien llega a Marte. ¿Por qué no subimos, granadinos y foráneos, a la Alhambra por los mil caminos a pie que siempre ha habido? Y de paso nos reapropiamos y redescubrimos los dos barrios – Churra y Realejo – que están a su falda. ¿Que es muy cansado? Pues es que la Alhambra no está donde está porque hubiera buenas vistas, sino porque era residencia y fortaleza, y comprender eso es parte del sentido y el disfrute de visitarla y conocerla. Otra cosa es consumo compulsivo de ‘monumentos’. No digo que quien no pueda subir a pie no tenga derecho a conocerla, pero me parece que ese problema está suficientemente resuelto con los accesos rodados que hay, y hasta en exceso.

“Mientras pensemos en la Alhambra como un Objeto, trataremos de llegar a ella como quien llega a Marte”

P.- Pecar con confesar arrepentimiento parece que se sigue yendo al Cielo… ¿Y lo del Albaicín y el Sacromonte no le parece a usted dos pecados mortales urbanísticos?

R.– No, urbanísticos no. Son pecados contra la convivencia y el respeto. Del Albaicín y el Sacromonte se expulsó y se sigue expulsando con mecanismos más o menos directos, más o menos impuestos, a una gran parte de la población que los constituía. Cómo extrañarse de que lo que va quedando cada vez sea más ruina o cartón piedra. El patrimonio no se mantiene ni con ordenanzas, ni con inversiones europeas ni con declaraciones de la UNESCO, sino con la pura y simple vida.

P.-Florencia (Italia), está peatonalizada en gran parte de su casco histórico o quizá todo su casco antiguo… ¿Granada necesita mucha, poca o regular peatonalización?

R.- No ya Granada, sino la actual vida urbana en general, necesita mucha, muchísima peatonalización. Pero entendida profundamente, es decir, no se trata de que en una u otra zona no puedan acceder los vehículos de motor, sino que cualquiera, viva donde viva, pueda vivir y moverse a pie, o en bicicleta. Lo que da sentido al nacimiento de pueblos y ciudades es la concentración compleja de usos que permiten aumentar las posibilidades de todos en áreas asequibles al caminar humano. Donde pensamos que el coche aumentaba nuestras posibilidades, nos hemos encontrado lo contrario. El tiempo que se supone que nos ahorra, lo empleamos en trabajar para costearlo y mantenerlo, o metidos en un atasco, o buscando aparcamiento, y el espacio que aparentemente nos pone al alcance, lo consume en los propios viales y aparcamientos. Tenemos entonces que el coche produce desconexión y lejanía. Contra esta sinrazón que nos supone a todos una merma brutal de calidad de vida, tenemos que recuperar los usos diversos en los barrios, y generarlos allí donde se ha construido con la ilógica de la zonificación. La peatonalización de nuestros espacios urbanos podemos emprenderla cada uno de nosotros: elijamos nuestro lugar de residencia a una distancia peatonal de donde trabajamos, hagamos nuestras compras en la mayor proximidad. Para peatonalizar nuestras ciudades, tenemos que peatonalizar nuestras vidas, y viceversa.

“La peatonalización de nuestros espacios urbanos podemos emprenderla cada uno de nosotros: elijamos nuestro lugar de residencia a una distancia peatonal de donde trabajamos”

P.- Los olvidos en Granada son de siglos, por lo menos… ¿Y cuál es el tema arquitectónico del que nunca se habla en Granada, y porque no le interesa hablar de él ni a los políticos ni a los intocables ricachones de estos pagos territoriales?

R.- Los temas arquitectónicos más olvidados son aquellos que aparentemente no tienen nada que ver con la arquitectura, y en realidad son los que le dan sentido. Uno de los olvidos más flagrante en que pienso ahora es el de la Vega como base de la sustentabilidad de Granada como región, sustentabilidad entendida en su raíz de ‘sustento’. El sentido del enclave y la riqueza de esta ciudad y sus pueblos próximos está en esa absoluta autonomía alimentaria, suficiente y sobrada, que le daba el conjunto Sierra (como reserva de agua) y Vega como suelo fértil – el más fértil de Europa. La riqueza de esta ciudad parece haber olvidado esa riqueza básica de la que se formó, parece que ya no quiere ni mirarla, interponiendo una y ahora otra circunvalación como para huir rápidamente de sus miserias pseudourbanas. Ahí la tenemos: los suelos devastados por la expectativa urbanizadora, las aguas contaminadas de nitratos, industrias varias, y sobre todo aguas residuales de poblaciones y urbanizaciones. Recordemos que sólo existen dos depuradoras en funcionamiento de las dieciséis que estaban previstas en el POTAUG. Y los agricultores tirando las patatas de pura rabia del precio al que se las pagan. Y la ciudad, comiendo qué… antaño, el 50% de lo que vendía Mercagranada era de origen local, ahora a nadie se le ocurre siquiera pensar en establecer un mínimo porcentaje, ni mayor ni menor. Esa relación es tan obvia que ya hay asociaciones de parados en las zonas más vivas de la ciudad poniendo en cultivo zonas de riego del Beiro. Esta cuestión, aparentemente poco arquitectónica, tiene enormes implicaciones para el paisaje granadino.

Si quieres olvidos más evidentemente arquitectónicos, tenemos el Plan Especial de Santa Adela, en sus fases de rehabilitación, paralizado antes de comenzar. Confiemos en que sus habitantes, como siempre hicieron, lo sacarán adelante con o sin las administraciones. O la paralización de los programas de rehabilitación en Almanjáyar o el Albaicín. O el abandono de espacios y transporte público en este primero. De forma más general, y sin ánimo de sembrar alarma, sino conciencia, la valoración de la vulnerabilidad sísmica de las construcciones, en una zona como la nuestra de considerable riesgo, es algo de necesidad evidente para todos, pero para lo que no se están proveyendo medios suficientes. Ahora que por fin estamos tomando conciencia de la necesidad de rehabilitar nuestros pueblos y ciudades es un aspecto que no deberíamos tener muy presente todos: instituciones, técnicos, y también ciudadanos. Y todo ello sin abrir la caja de la ilegalidad urbanística…